LAS
INDICACIONES DE SABINO PARA PROTEGER AL REY DEL 23-F
Por los
datos de que se dispone (entre otras pistas, algunas declaraciones de Suárez
posteriores al golpe), fue un destacado socialista el primero en sugerir al general
Armada la idea de un gobierno civil de coalición presidido por un
militar.
En
principio, además de Armada, se especuló sobre varios nombres, entre otros el
del mismo Sabino Fernández Campo.
En el verano
de 1980, un documento secreto llegó a manos del rey.
Le había
llegado de Madrid, y se trataba de un informe anónimo, aunque por el lenguaje
parecía de autores civiles, según fuentes de la Zarzuela.
Se hacía un
análisis muy crítico de la gestión de Adolfo Suárez y acababa con una
propuesta, de la que no se conocen todos los detalles.
Se trataba
de derrocar al presidente, eso sí que se sabe, y proponer como candidato alternativo
a un militar o a un civil independiente de prestigio.
En la
versión oficial que se ha dado del informe, la vía propuesta para lograr un
objetivo como aquél era presentar una moción de censura, pero esta idea parece
poco verosímil, puesto que ya se había intentado sin éxito el mes de mayo de
1980. Todo parece indicar que lo que se estaba proponiendo realmente era lo que
después se llamó “la solución Armada“, cuyo leitmotiv
fundamental era que las acciones se habían de enmarcar dentro de los límites constitucionales,
en una clase de renacimiento del famoso lema de Fernández Miranda,
“de ley a ley” (para hacer el tránsito del franquismo a la democracia
parlamentaria dentro del contexto de las Leyes Fundamentales).
Pero con el
paso previo imprescindible de la tentativa de “golpe duro“, que
después el rey se encargaría de reconducir. A nivel operativo, para la
tentativa de golpe duro, todas las acciones militares planificadas, y después
llevadas a término, respondían a un plano único que gravitaba sobre cuatro
puntos neurálgicos: el Congreso de los Diputados, la Capitanía de la
III Región Militar (Valencia), la sede de la División Acorazada Brunete (de
Madrid), y el palacio de La Zarzuela. Algo falló en el complejo entramado.
El primer
elemento discordante lo puso Sabino Fernández Campo en La Zarzuela, con dos
iniciativas muy simples, que ha asumido públicamente, y que al comienzo no
resultaron demasiado trascendentales.
En primero
lugar, insistió en el hecho de que Armada no actuara desde la Zarzuela, para no
comprometer demasiado a la Corona, aun cuando mantuvieran contacto
telefónico durante toda la noche del 23-F.
En segundo
lugar, con la misma intención, intentó evitar que se involucraran los nombres
del rey y de la reina, de la manera tan explícita en que se estaban utilizando,
para hacer la llamada al alzamiento.
Si
quisiéramos creer que la Zarzuela estaba al tanto del golpe del 23- F desde el
comienzo, no solamente el rey, sino también su secretario general, Sabino
Fernández Campo, las iniciativas de este último sólo habrían sido una
precaución para proteger al rey en caso de que saliera mal algo, o incluso tan
sólo una cuestión de forma.
No se puede
olvidar que, pese a la propaganda institucional para presentarlo como el gran
defensor de la democracia la noche del 23- F, casi más efectiva con respecto a
Fernández Campo que al mismo rey, Sabino no ha brillado nunca
precisamente como “progre”.
Sólo hace
falta señalar, por el momento, las declaraciones que ha hecho recientemente, en
el verano del año 2000 (en una conferencia en la Universidad Internacional
Menéndez Pelayo), en las que afirmaba que el rey, como moderador y también como
necesario mando supremo de las Fuerzas Armadas, “debería intervenir en el
caso de que las prerrogativas concedidas por un hipotético Gobierno en minoría
a un partido separatista amenazaran la integridad de España“.
Estaba
defendiendo nada menos que una intervención militar en Euskadi, que apoyaba en
consideraciones jurídicas sobre el artículo 8 de la Constitución. En la línea constitucionalista
de Armada, se le habría podido ocurrir algo parecido en febrero de 1981.
En todo
caso, las de Sabino fueron iniciativas que, en sí mismas, nunca habrían evitado
el golpe. El elemento verdaderamente distorsionador fue Tejero.
Uno de los puntos más débiles del plan era que, con un estilo similar al que
Suárez había utilizado para legalizar el PCE, sin informar del
todo a los militares, esta vez se había utilizado a Tejero sin decirle toda la
verdad del plan. Y en el momento crucial, Tejero fue quien realmente abortó el
golpe.
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